Hola a todos los periodistas. Ha llegado vuestra oportunidad para quejaros y hacer
vuestras denuncias. Estoy haciendo un reportaje en profundidad para hacer un análisis de la situación en la que se encuentra la profesión periodística en la
actualidad.
Para ello, os agradecería que me contaráis todas esas anécdotas y prácticas
degradantes, alucinantes, increíbles y, en definitiva, denunciables
que os hayan sucedido en algún medio de comunicación a lo largo de
vuestra carrera.
Me refiero tanto al trato que os hayan dado como empleados (sea en plantilla o
como colaborador), los abusos laborales y económicos, las injusticias
que hayáis visto... como a la falta de ética y la conculcación del
código deontológico (manipulaciones, censura, mentiras, serpientes de
verano por intereses económicos, aperturas escandalosas forzadas,
falta de escrúpulos al publicar una información...)
Me parece importante tocar ambas vertientes de la precariedad porque
mi tesis es que la sociedad está mal
informada porque los periodistas trabajamos en una situación tan
precaria que no podemos hacer nada para ejercer la profesión
correctamente.
Así que os agradeceré que me contéis todo lo que hayáis vivido al
respecto y, sobre todo, que paséis esta consulta a TODOS vuestros
colegas periodistas y fotógrafos.
También os lanzo una pregunta: ¿por qué causas creéis que el
periodismo ha perdido tanta calidad y, además, está tan desprestigiado
socialmente?
No sé si el reportaje será para echarse a reír o a llorar, pero será
interesante, con vuestra colaboración. O sea que gracias por
adelantado.
martes, julio 10, 2007
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12 comentarios:
hello,
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André Benjamim
Un suplemento del prestigio de M2, del diario El Mundo, está hecho gracias al trabajo de colaboradores sin contrato, sin derechos y penosamente pagados.
Es un suplemento amplio, mucho más voluminoso que una sección de local al uso. Por eso necesita de un equipo acorde que, sin embargo, no existe. En total, hay 11 redactores contratados. Pero lo sangrante es que se aprovechan del trabajo diario de cinco o seis colaboradores, normalmente recién licenciados, que son los que llenan las páginas del suplemento por un pago irrisorio. Por redactar una página entera, que habitualmente son textos voluminosos, se cobra, como mucho, 60 euros.
Y ojo: que esto no significa que el colaborador soporta condiciones indignas durante unos meses para después recibir la recompensa de un contrato. Algunos de estos colaboradores llevan hasta 4 años en esa situación y han tenido que soportar la humillación de ver cómo, cuando salía un puesto vacante en su misma área, se lo daban a otro periodista.
También os lanzo una pregunta: ¿por qué causas creéis que el
periodismo ha perdido tanta calidad y, además, está tan desprestigiado
socialmente?
Mi respuesta es que quizás se esté perdiendo el periodismo de compromiso con la sociedad e ideológicamente comprometido por un periodismo de trinchera en el que algunos periodistas (no todos) no son más que meras marionetas de los partidos políticos.
Ese es mi punto de vista.
Rossimilio, dejemos esta entrada para lo que Elisabeth pide: denuncias de casos reales. Habrá otros para el debate, creo yo. En mi blog he puesto una referencia a este post y referencio también casos de Agencias de Prensa y Radio. Un saludo.
Trabajo en la delegación regional de los informativos de una televisión nacional. Desde hace 9 años tenemos contrato de duración de obra determinada y ya nos han cambiado en varias ocasiones de productora, perdiendo en cada cambio la antigüedad. Nuestro sueldo es de risa, cuando la televisión para la que trabajo gana cada año millones y se jacta de ello, además las jornadas de trabajo durante años han sido maratonianas. Lo más gracioso, es que desde nuestro informativo se denuncia constantemente la situación precaria en la que se encuentran trabajadores de sectores como la construcción, o los servicios; cuando nosotros somos tratados como basura, recordándonos siempre que si no queremos el trabajo hay centenares de personas que están locas por entrar en nuestro puesto, lo triste es que eso es verdad, aún sabiendo la situación en la que nos encontramos.
Pero eso no es lo único, el trabajo que realizamos cada año es más lamentable y desagradable. Los temas sociales han desaparecido y los sucesos más macabros y escabrosos son el día a día, si puede ser exagerando y hacíendolo más desagradable, parece ser que no es suficiente que un marido mate a su mujer o que un padre acabe con la vida de sus hijos, es necesario para captar audiencia destacar los detalles más escabrosos.
Un ejemplo de la degradación informativa a la que se llega es cuando desde madrid, con la orden expresa del director de informativos, nos mandan ahora que es verano a grabar culos y tetas a las playas y piscinas, sin ningún fin informativo más que sacar tías buenas tomando el sol para poner cachonda a la aundiencia. Eso es hacer información!
Pero todo esto es todo culpa nuestra, de los profesionales que trabajamos en los medios que no nos revelamos, cuando la única conversación que tenemos cuando nos juntamos varios periodistas es lo mal que esta todo en la profesión. Sin embargo, cuando se plantea realizar denuncias conjuntas o huelgas todo el mundo se hace el loco, e incluso cuando alguien lo hace los propios compañeros se lo recriminan. Además, que colectivo está más desprotegido que nosotros. Si en un medio se hace una huelga, acordaros del ERE de Antena 3 que medio le dio publicidad, nadie, porque todos tienen que callar y tienen contratados a sus trabajadores de forma precaria.
Yo animo a todo aquel que se encuentre en una situación ilegal que intente juntarse con sus compañeros y lo denuncie, ya que como colectivo es imposible hacer nada, os aseguro que no os arrepentiréis. Y si sale mal, la vida no se acaba en el periodismo, tal y como está la cosa, hay trabajos mucho más dignos y más honrados que el peridismo en el que la mentira y la exageración se ha convertido en el día a día. Y hacer como yo, dejar de ver los informativos, no escuchéis programas informativos de radio y leer sólo las secciones más light de los periódicos, seréis más felices y viviréis con menos miedo que es lo que pretenden los que dirigen el cotarro.
La sociedad atraviesa un delicado momento de imbecilización colectiva, de simplismo intelectual, de alienación ideológica. Las masas se debaten entre la ignorancia, los más, y la disidencia, los menos, propiciando un caldo de cultivo perfecto para la generación de contenidos informativos y de ocio de un nivel paupérrimo. El escaso control de calidad conlleva una realidad: cualquiera puede ser periodista. La sociedad no presiona a los medios para que sus productos sean de calidad, ergo los medios se comportan como cadenas de comida rápida, creando contenidos ampulosos en las formas y vacíos en el fondo, aumentando esta ecuación de forma inversamente proporcional: a mayor vacuidad, mayor espectacularidad. Cualquier bufón puede ser periodista, ni siquiera se exige un mínimo de capacidad de raciocinio, de sintaxis, de ingenio. El producto está previamente diseñado, el periodista ejecuta la última acción en la cadena de producción, de forma mecánica y despersonalizada, una acción que no requiere gran cualificación y puede ser llevada a cabo por cualquier individuo a cualquier precio. Cualificación que, por otra parte, cumple un mínimo porcentaje de profesionales, sí, de esos que dicen ser periodistas porque tienen un título. No se puede aspirar a hacer un producto mejor si no hay profesionales aptos. El empresario aprovecha el aburguesamiento del periodista medio, que malvive en una empresa que no le exige sacar su talento, sino extender su horario laboral sin rechistar. El periodista vive con miedo, se adapta al medio, asume su rol, sabedor de su escaso peso e importancia en cualquier empresa, ya sea por su falta de capacidad, ya sea por la falta de escrúpulos del medio. El empresario, como empresario que es, vive pendiente de las cifras, no de la calidad abstracta y relativa del producto. Para esto estamos los periodistas, pero no actuamos como contrapeso de esta coyuntura. Nos limitamos a decir que nos va muy mal, nos hacemos adictos a ansiolíticos de toda índole, y nos pasamos la veintena esperando un golpe de suerte, lamiendo culos a mansalva, soñando con un sueldo digno y mancillando cada día los valores que nos acercaron a esta profesión vocacional, de forma consciente, tragándonos nuestros principios. Algunos acaban por dejarlo, otros viven sedados con medicamentos, hay quienes sobreviven a base de mamar y mamar, y mientras tanto la sociedad recibe un producto que, lejos de incentivar y fomentar la búsqueda de una calidad en el producto, genera un estado de indiferencia global que lleva a una actitud pasiva ante el hecho periodístico, ya sea por falta de estímulos en los medios, ya sea por falta de capacidad, ya sea por mera desconfianza y desprecio hacia esos medios.
Tengo 26 años, estudié esta carrera por pura vocación, y a estas alturas, después de haber desempeñado trabajos de todo tipo, después de haber pisoteado y escupido sobre los principios que un día me hicieron matricularme en una facultad, me siento absolutamente vacío y sucio, sin ganas de mejorar el medio de comunicación en el cual trabajo, sin ganas de proponer ideas ni de mejorar o estimular a la sociedad a encontrar nuevos modos de pensar o vivir. Simplemente, extiendo mi mano a final de mes, cobro mi paga, y me digo: "al fin y al cabo, con sus más y sus menos, soy uno de los poquísimos privilegiados que puede vivir de lo que ha estudiado". otros invierten todo lo que ganan en farlopa y opiáceos, para encontrar sobre la tapa de una cisterna todo aquéllo que su profesión les niega, les escamotea de forma sistemática. Me siento absolutamente asqueado, como el protagonista de Taxi Driver, alienado, conduciendo mi taxi cada día y maldiciendo cada vez más todo lo que me rodea, sin la posibilidad de dar un giro a mi vida profesional, alimentando premeditadamente el caos, abocado a quitarme de enmedio, a cargarme a cualquier politicucho ignorante y analfabeto o a liarme a tiros un día en la redacción, para salvar la vida a las otras rameras que, como yo, no van a ninguna parte porque creen que no tienen a donde ir.
Se me ocurren dos años sin contrato, cobrando 300e brutos y sin expectactivas de evolucionar. También una plantilla de verano en un pequeño diario local con siete becarios en local, cuatro en cultura y otros tantos repartidos.
Un contrato en prácticas con un sueldo de 600e con las mismas funciones de trabajo que el que cobra más. Poca motivación y valoración del trabajo, etc, etc...
El tema de no tener contrato, ganar poco y no ser valorado no creo que os suene a nuevo. Pero yo además de oirlo lo he vivido y lo he visto.
Por suerte y aunque escaseen también se da la situación contraria. No sé si los gabinetes de prensa son mejores o no, pero al menos tienes un horario.
En fin... suerte con tu trabajo.
Hola, primero de todo presentarme: Félix Soria, periodista (casi 30 en el oficio), he trabajado en Cataluña, Andalucía, Francia, Bélgica y ahora en Galicia, actualmente en La Voz de Galicia como jefe de sección.
Lo cierto es que el asunto en el que andas indagando da para varios libros.
Aparte de subrayar que desde una óptica laboral los males más inmediatos son, a mi parecer, los salarios bajos y los abusos en las contrataciones (sobre todo en medios locales y emisoras de radio), se me ha ocurrido adjuntarte tres enlaces a sendos textos de mi cosecha (http://im-pulso.blogspot.com/2006/09/los-peores-males-de-la-prensa-son.html , http://im-pulso.blogspot.com/2006/09/el-futuro-de-la-prensa-y-el-oficio-de.html , http://im-pulso.blogspot.com/2007/07/informaciones-cojas-para-enajenar.html) que resumen mi opinión.
Te deseo salud, libertad y satisfacciones personales y profesionales (por este orden).
Un abrazo, Félix.
Me encanta que alguien plantée por fin esta cuestión. A mi juicio, hay dos problemas gravísimos que están denostando la profesión. En primer lugar, la falta de cualificación, y en segundo la falta de corporativismo.
Los licenciados en periodismo están dispuestos a trabajar sin horarios, por salarios míseros en el mejor de los casos. Los contratadores prefieren contratar a personas con poca cualificación, -a secas una carrera que no especializa en nada-pero dispuestos a trabajar por 600 euros. Yo soy periodista pero trabajo en periodismo corporativo, estoy harta de escuchar a economistas repetir constantemente que "los periodistas no tienen ni idea y los periódicos dicen barbaridades". Es lamentable que se nos meta a todos en el mismo saco. Hace poco en una visita de Ban Ki-Moon una periodista de los informativos de una importante cadena nacional le rogó a un compañero de otro medio -por favor, pregúntale tú algo más porque yo no hablo inglés y ni siquiera sé donde está el Sáhara occidental-. Eso es lo que no se puede tolerar.
12:20 PM
Me gustaría saber si este espacio va a servir de algo. Para dar la enhorabuena a Iborra, digo. Aunque ya se lo merece por intentarlo. Con lo joven que es y el desparpajo que tiene, me parece que podemos estar ante un punto de inflexión que cambie la triste trayectoria del periodismo español. Porque además lee a Foster Wallace. Confío en ti, Iborra. Me pasaré más por aquí.
No puedo contar mucho del abuso de poder que estoy sufriendo. Entre otras cosas porque he sido freelance y no puedo citar nombres: no tengo pruebas. Pero contaré brevemente la historia, no sólo para formar parte del informe de la blogger. También para que me echéis una mano si podéis con algún consejo o pista sobre mis posibilidades de recuperar mi trabajo, o de obtener alguna compensación.
Yo era colaborador habitual en cuatro revistas de uno de los grupos mediáticos más importantes de España. Empecé en una de ellas en 1999. Tuve la oportunidad de trabajar en otras, pero mi director me ofreció un fijo sin contrato bastante sustancioso para que sólo escribiera para ellos. Acepté. Así estuve unos tres años. Pero al cabo del tiempo, como el fijo no subía, me expandí: las otras revistas de la empresa me acogieron con los brazos abiertos. La más importante de ellas me dijo que si hacía un reportaje a la semana ganaría sólo con ellos más de 3.000 euros al mes. Mucho dinero, sí. Disculpad si os parece por ahora que los datos que aporto a la historia son ejemplos para saciar mi vanidad: no se trata de eso. Pero es importante en todo esto entender que yo no era un simple colaborador que está deseando que le llamen. Mis trabajos podían ir de un reportaje en Nueva York sobre Rosendo a una entrevista a fondo con Victoria Abril o Ricardo Darín. Aún así, yo era un don nadie, ciertamente. Y podía ser reemplazado, claro, aunque la situación no apuntara esa posibilidad.
Escribí un libro de relatos que obtuvo un premio. El libro fue reseñado en Babelia, ABC y El Cultural de El Mundo.
En el libro había una merecida parodia cifrada de un personaje público. Un escritor menor. El libro estuvo en las librerías dos semanas, al cabo de las cuales fue a parar al almacén de la editorial. El editor dejó de contestar mis llamadas y mis correos. Las cuatro revistas para la que trabajaba, incluida esa donde estaban pagándome tan bien, dejaron también de coger mis llamadas y de responder mis mails. Aquella con la que llevaba más de cuatro años, también.
La que había sido durante cuatro años mi redactora jefe -nos llevábamos tan bien que casi podría decír que nos queríamos- me dio la pista de lo que ocurría. Ella acababa de cambiar de revista. Le habían dado el puesto de redactora jefe en una nueva publicación, destinada a lectores maduros y elegantes. Como yo había trabajado sobre todo en revistas de música, cine y actualidad, les pareció a los editores de aquella nueva publicación que mi estilo no encajaría. Me pidieron hacer un pequeño texto de diez líneas, una prueba pagada. La redactora jefe me llamó contenta: "les ha encantado". A la tarde siguiente me llamó preocupada: "no sé que ha pasado, pero órdenes de arriba han dicho que tu texto no va", dice. Le pregunto de todo, pero no me puede contestar: ella está tan confundida como yo. Al día siguiente voy a la redacción y ella ha cambiado el discurso. Ya no está sorprendida por lo que ha pasado. Ahora está asustada. Le digo lo de "órdenes de arriba" y ella, entre enfadada y nerviosa, me dice que nunca ha dicho tal cosa, que esas cosas ocurren y que no vea fantasmas. A partir de esa tarde NADIE de esa empresa me coge el teléfono, y si llamo a redacción, la secretaria me sale con aquello de las reuniones infinitas. Pasan meses y todos los redactores jefe siguen reunidos. Me doy cuenta de que he perdido el trabajo que había estado haciendo durante cinco años. Mi última colaboración había sido una portada.
El caso es sencillo. Aquel escritor menor era pariente de quien está casado con uno de los escritores más importantes de España, bandera carnal de esa gran empresa mediática. Todo eso ocurrió en 2004. Ahora trabajo haciendo encuestas en una oficina.
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