Este texto no es idea mía. Al menos el hecho de escribirlo bajo semejante título me lo ha sugerido mi amiga Laura Grani cuando le he contado mis planes de viaje para los próximos 18 meses. También me ha advertido previamente de que lo más bonito que me van a decir quienes lo lean irá de cabrona para arriba. Y como siempre he sido un poco masoquista, aunque lo estoy dejando, me voy a exponer. A ver qué reacciones provoca mi realidad.
Vaya por delante que me considero una privilegiada porque, sin tener trabajo, como un porcentaje demasiado alto de españoles, puedo permitirme un sueño que no es sólo mío. No me ha tocado la lotería ni he cobrado una herencia, por suerte. Digamos que el trabajo de muchos años por fin me permite algo más que vivir mes a mes sin saber qué será de mi vida al siguiente. Y sé que durante año y medio tengo mis deseos cubiertos.
Que nadie tenga envidia porque no hay nada milagroso ni me ha caído del cielo. Al final se trata de elegir, de tener claras tus prioridades, de no conformarse con lo fácil y luchar por aquello que estás seguro que quieres, de no rendirte por muchas barreras que encuentres, de defender tu valor y tu valía, de no dejarte engañar ni engatusar, de ser fiel a tus deseos y objetivos, de tener confianza en ti mismo y en que lo lograrás, de volver siempre al camino más recto aunque de vez en cuando pruebes por las bifurcaciones, para al menos comprobar que no son una opción válida y no te equivocaste al seguir tu intuición o tu vocación.
Ahora que ya lo he vivido todo, al menos todo lo que tenía y podía vivir aquí, entre Barcelona como base y otros lares, me tengo que marchar. Ahora que la situación actual no me aporta nada y ni siquiera se deja aportar, por lo cerrada que está, me tengo que marchar. Ahora que estoy bien conmigo misma, y que no huyo de nada ni de nadie, me puedo ir sin el peso de las angustias, los miedos, las inseguridades, los traumas y las experiencias que a veces me hundieron y me incitaban a salir corriendo.
Me voy tranquila, me voy con ganas, me voy segura de que no volveré... a ser la misma. Ya no lo soy, quizás. Pero me voy a descubrir a la nueva. La que dejo atrás me tenía aburrida, eso sí. Ya había dejado de sorprenderme. Siempre lo mismo desde hace tantos años... que me resultaba perfectamente previsible y monótono.
Me apetece reinventarme y, en el fondo, volver a ser yo sin las influencias de los que me rodean y esperan lo que suponen que es propio de mí porque es lo que han visto siempre de mí. Quiero que mis condicionantes sean sólo míos. Quiero escoger lo que me dé la gana desde el fondo de mí misma, desde ese fondo que nunca escuchamos porque está silenciado por miles de voces ajenas y miles de capas de pintadas que alguien garabateó en nuestro cerebro. Quiero ser libre para despejar mis contradicciones sin que nadie tire más de un lado de la cuerda para que me decante. Quiero decantarme sola, como un vino de lujo. Y luego si acaso ya dejaré que alguien me pruebe y se deleite.
Así que me voy a dar la vuelta al mundo. No voy a ir de aquí a nueva zelanda y de ahí a NY y vuelta a Londres. No. Me voy a dar vueltas por el mundo. De este de asia a sur del pacífico, de sur de américa a norte, de noroeste de Europa a sur de áfrica, pasando por el medio Oriente. Me voy un año y medio a desvelar cómo viaja una mujer sola, cómo viajo yo sola superando el umbral psicológico del típico mes que me he ido otras veces sola. Quiero saber quién soy cuando no están los que quiero alrededor. Cómo me cuido cuando nadie me cuida ni siquiera de lejos. Quiero saber hasta qué punto me quiero y soy responsable de mí misma y de mi vida.
Por eso sé que al terminar este proyecto, seré otra. Y seguramente habré dejado atrás otra etapa. Y seguramente habré encontrado otras prioridades. Pero lo que más me tranquiliza es que será algo consciente, una etapa con prioridades sinceras y no impuestas por el tiempo en que me tocó nacer, por mi generación ni por las anteriores. Sólo quiero ser lo que yo quiero ser.
Así es como yo voy a sobrevivir a la crisis, reinventándome. Ahora que no tengo nada que perder, voy a comprobar qué puedo ganar. Me dejo aquí las armaduras, por si alguien las necesita. Yo no pienso volver a utilizarlas más. Total, sólo me hacen más débil porque su peso me deja sin fuerzas.
domingo, mayo 24, 2009
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